Dormía apoyado sobre mis hombros con una sonrisa inocente, yo solo quería que el tiempo se parase en aquel momento y poder seguir mirándole todo el tiempo del mundo.
Y tenerlo a mi lado, acurrucado, soñando quien sabe que.
Mis labios estaban apoyados sobre su pelo que, a la vez, yo acariciaba con mis dedos; esos que yo dejaba perdidos en aquellas caricias de las que el no era consciente. Caricias ciegas, caricias sordas, caricias sinceras, eternas…

“Bonito eres dormido o despierto” pensaba yo con dos sonrisas: una en los labios, la otra en los ojos…

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